La Costa de la Muerte en Galicia

Cruz en la Costa de la Muerte

La Costa de la Muerte (A costa da morte, en gallego) ocupa unos cien kilómetros de litoral en la provincia de La Coruña y es la zona costera más escarpada y peligrosa de toda España.

El origen de su nombre se pierde en la noche de los tiempos: aunque sería muy romántico pensar que ya para los celtas estas comarcas nebulosas, húmedas y agrestes estaban malditas por los dioses más oscuros, los primeros testimonios sobre la zona datan de la época romana. A los latinos se debe el bautismo del cabo de Finisterre (casi el epicentro de la costa), donde establecieron el fin de la tierra conocida.

Al margen de leyendas negras (que las hay desde los tiempos más remotos), los numerosos hundimientos acontecidos en la zona (el cementerio de los ingleses es un testimonio irrefutable) y el pirateo local (no hay lugareño que no lo sepa o incluso tenga parientes que lo hayan practicado en épocas de carestía), lo cierto es que tanto su abrupta orografía, los poderosos vientos del norte como la bravura que el Atlántico exhibe en sus inmediaciones, la convierten en una zona peligrosa para la navegación y de complicado acceso por mar y tierra.

Aunque no hay mal que por bien no venga: las malas comunicaciones han mantenido la costa y sus pequeñas poblaciones alejadas durante décadas de la especulación urbanística y en un razonable estado de conservación natural.

Los dos pueblos que marcan sus límites son Malpica de Bergantiños por el norte y Carnota por el sur. Hay quienes sitúan el término de la costa en la ciudad de Noia, ya muy cerca de Santiago de Compostela. Malpica está a unos 50 kilómetros de La Coruña y es famosa por las cercanas islas Sisargas, un mini- archipiélago agreste que es santuario de varias especies autóctonas de gaviotas. Al otro extremo está Carnota, en el municipio de Cee, con una playa extensa y muy tranquila, protegida por el Monte Pindo, una megalítica masa de granito que el escritor Otero Pedrayo bautizó como el Olimpo celta en Galicia.

Entre estas dos puntos se encuentran otros pueblos pesqueros con su propio encanto: Corme, Laxe, Camariñas, Corcubión, Cee o Muxía. Dos razones de peso para visitarlos son su excelente gastronomía y sus playas, de una belleza conmovedora: arena fina, algas de tamaño y color surrealista, aguas cristalinas… Si no fuera por la gélida temperatura del mar creerías estar en El Caribe.

Foto Vía: Pablo Alejandro Araujo Granda

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Categorias: Costa da Morte

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